CIBERPERIODISMO
Materia: Género ciberperiodísticos
Género argumentativo
¿EXISTE
OBJETIVIDAD EN EL PERIODISMO?
Hernán
Martínez
En la sociedad moderna, tenemos una serie de conocimientos
idealizados por la información que recibimos. A partir de los mensajes que
obtenemos a través de los medios de comunicación, construimos ciertos juicios
de valor, incluso acerca de los mismos medios, de la información y de los
periodistas. Tal es el caso de las críticas que surgen constantemente acerca de
si tal o cual medio, o tal o cual periodista dijo, no dijo, exageró,
tergiversó, o le dio un tratamiento sensacionalista y/o amarillista a una
noticia.
Algunas de las críticas hacia los comunicadores sociales que uno
suele escuchar de las personas que ven televisión, escuchan la radio o leen
periódicos son: “ese periodista no es objetivo”, o “los periodistas deberían
ser más objetivos, imparciales o equilibrados”. Esto se basa en un criterio
universal que las mismas “industrias culturales” nos han inculcado a lo largo
de la historia acerca del ejercicio del periodismo y sus obligaciones éticas y
morales dentro de la sociedad.
Comienzo diciendo esto, porque a partir de ahora quiero comenzar a
hablar de otro tipo de objetividad, la objetividad-subjetiva del periodista,
que no es más que aquella que surge, naturalmente, de la innegable fusión que
existe entre “lo subjetivo” del ser humano que ejerce la actividad periodística
y “lo objetivo” del método y éste emplea para llevar a cabo dicha actividad. No
obstante, debemos saber (o recordar), que un periodista es ante todo, un
humano, y como todo ser humano es también un ser subjetivo, que se vale de su
perspectiva, que es diferente a la de cualquier ser.
Entonces, ¿Dónde está la objetividad periodística?
¿Con qué se come eso?. La objetividad periodística está en los métodos para
recolectar la información noticiosa, en el compromiso del profesional de la
comunicación con su labor social, en la identificación del periodista con los
diferentes escenarios posibles de un hecho, en su entendimiento del poder de la
información y la influencia de su trabajo en la vida diaria de las personas y
en la intención de llegar a ser objetivo, aceptando incluso la utopía que esto
representa. Al final lo objetivo (y no del todo) termina siendo la información
en sí. Es por esto que pienso que nunca un periodista ha sido objetivo, nunca
lo será, y la razón es simple, somos seres subjetivos por naturaleza.
Para un profesional objetividad significa aproximarse lo más
posible al objeto, a la realidad, subordinando a ella las preferencias,
aspiraciones e intereses. Es un entrenamiento académico, un compromiso con la
verdad y la honestidad que tiene que impulsarnos más allá de lo que radica
dentro o debajo de nosotros.
Dice el libro Escribir en Prensa que “pocos términos hay en la
profesión periodística tan usados, abusados, manipuladores y malinterpretado
como el de ‘objetividad’ “.
Y tiene mucha razón. En la vida hay muchas cosas de las cuales
se duda, pero casi todo el mundo parece más que seguro que en el periodismo
“tiene que haber objetividad”.
Tanto es así, que hoy en día todos parecen ser expertos en
ética periodística. Escucho en la calle, y hasta en mis cursos de periodismo,
frases como: “el periodísta tiene que ser objetivo”, “los periódicos tienen que
ser imparciales” , “los reporteros no deben opinar”, entre muchas otras.
Salta ante esto la pregunta que pocos hacen: ¿Y por qué?
Cuando la información parte de un conocimiento
exacto y cierto, de una reflexión consciente y de una rectitud intachable de
intenciones "en esto consiste la
imparcialidad, o la absoluta objetividad", sentencia Luka Brajnovic.
En todos los códigos de
ética del periodista se exige "información exacta, conforme a los hechos,
comprobada en todos los hechos esenciales y sin deformación deliberada",
para hablar de objetividad. Otros ocho códigos recalcan o el deber de la
absoluta objetividad o el derecho del público a esa clase de información o la
necesidad de despojar el ánimo de prejuicios o el rechazo de presiones de los
empleadores para que se acomode la versión de los hechos a sus intereses o el
repudio de la mentira como práctica profesional o la técnica de consultar
documentos probatorios y de buscar los hechos mismos o la apelación a la
conciencia socialista y a la responsabilidad ante la opinión para informar verazmente. Pero, estos mandatos de los
códigos no resuelven el problema de la objetividad en el ejercicio del
periodismo. Por el contrario, siempre que se los esgrime, el periodista tiene
razones para responder con la contundencia de los hechos vividos que la
objetividad que reclaman los códigos no es posible.
Los hechos de la historia diaria, que son
la materia prima de la información periodística, son tan cambiantes como las
aguas de un río. Pretender la objetividad es tanto como creer que es posible
capturar y congelar el instante que huye. El mismo hecho, observado por
distintos periodistas, recibe tratamientos y versiones diferentes y, además, en
las sucesivas ediciones de un periódico o en las emisiones de un noticiero,
tiene que ser complementado, corregido, aclarado o rectificado, hasta el punto
de que el periodista llega a contemplar las suyas como verdades provisionales.
Un periódico de hoy sería una fuente de
argumentos para los escépticos que, en los comienzos de la reflexión
filosófica, consideren que el ser humano está incapacitado para conocer la
realidad de las cosas. Esa imposibilidad del conocimiento objetivo está
ratificada por hechos como estos, que el periodista conoce, o porque ha sido
actor en ellos, o porque ha sido su testigo.
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