jueves, 27 de junio de 2013

GENERO ARGUMENTATIVO



CIBERPERIODISMO
Materia: Género ciberperiodísticos
Género argumentativo

¿EXISTE OBJETIVIDAD EN EL PERIODISMO?

Hernán Martínez

En la sociedad moderna, tenemos una serie de conocimientos idealizados por la información que recibimos. A partir de los mensajes que obtenemos a través de los medios de comunicación, construimos ciertos juicios de valor, incluso acerca de los mismos medios, de la información y de los periodistas. Tal es el caso de las críticas que surgen constantemente acerca de si tal o cual medio, o tal o cual periodista dijo, no dijo, exageró, tergiversó, o le dio un tratamiento sensacionalista y/o amarillista a una noticia.
Algunas de las críticas hacia los comunicadores sociales que uno suele escuchar de las personas que ven televisión, escuchan la radio o leen periódicos son: “ese periodista no es objetivo”, o “los periodistas deberían ser más objetivos, imparciales o equilibrados”. Esto se basa en un criterio universal que las mismas “industrias culturales” nos han inculcado a lo largo de la historia acerca del ejercicio del periodismo y sus obligaciones éticas y morales dentro de la sociedad.
Comienzo diciendo esto, porque a partir de ahora quiero comenzar a hablar de otro tipo de objetividad, la objetividad-subjetiva del periodista, que no es más que aquella que surge, naturalmente, de la innegable fusión que existe entre “lo subjetivo” del ser humano que ejerce la actividad periodística y “lo objetivo” del método y éste emplea para llevar a cabo dicha actividad. No obstante, debemos saber (o recordar), que un periodista es ante todo, un humano, y como todo ser humano es también un ser subjetivo, que se vale de su perspectiva, que es diferente a la de cualquier ser.
Entonces, ¿Dónde está la objetividad periodística? ¿Con qué se come eso?. La objetividad periodística está en los métodos para recolectar la información noticiosa, en el compromiso del profesional de la comunicación con su labor social, en la identificación del periodista con los diferentes escenarios posibles de un hecho, en su entendimiento del poder de la información y la influencia de su trabajo en la vida diaria de las personas y en la intención de llegar a ser objetivo, aceptando incluso la utopía que esto representa. Al final lo objetivo (y no del todo) termina siendo la información en sí. Es por esto que pienso que nunca un periodista ha sido objetivo, nunca lo será, y la razón es simple, somos seres subjetivos por naturaleza.
Para un profesional objetividad significa aproximarse lo más posible al objeto, a la realidad, subordinando a ella las preferencias, aspiraciones e intereses. Es un entrenamiento académico, un compromiso con la verdad y la honestidad que tiene que impulsarnos más allá de lo que radica dentro o debajo de nosotros.
Dice el libro Escribir en Prensa que “pocos términos hay en la profesión periodística tan usados, abusados, manipuladores y malinterpretado como el de ‘objetividad’ “.
Y tiene mucha razón. En la vida hay muchas cosas de las cuales se duda, pero casi todo el mundo parece más que seguro que en el periodismo “tiene que haber objetividad”.
Tanto es así, que hoy en día todos parecen ser expertos en ética periodística. Escucho en la calle, y hasta en mis cursos de periodismo, frases como: “el periodísta tiene que ser objetivo”, “los periódicos tienen que ser imparciales” , “los reporteros no deben opinar”, entre muchas otras.
Salta ante esto la pregunta que pocos hacen: ¿Y por qué?
Cuando la información parte de un conocimiento exacto y cierto, de una reflexión consciente y de una rectitud intachable de intenciones  "en esto consiste la imparcialidad, o la absoluta objetividad", sentencia Luka Brajnovic.
En todos los  códigos de ética del periodista se exige "información exacta, conforme a los hechos, comprobada en todos los hechos esenciales y sin deformación deliberada", para hablar de objetividad. Otros ocho códigos recalcan o el deber de la absoluta objetividad o el derecho del público a esa clase de información o la necesidad de despojar el ánimo de prejuicios o el rechazo de presiones de los empleadores para que se acomode la versión de los hechos a sus intereses o el repudio de la mentira como práctica profesional o la técnica de consultar documentos probatorios y de buscar los hechos mismos o la apelación a la conciencia socialista y a la responsabilidad ante la opinión para informar  verazmente. Pero, estos mandatos de los códigos no resuelven el problema de la objetividad en el ejercicio del periodismo. Por el contrario, siempre que se los esgrime, el periodista tiene razones para responder con la contundencia de los hechos vividos que la objetividad que reclaman los códigos no es posible. 
Los hechos de la historia diaria, que son la materia prima de la información periodística, son tan cambiantes como las aguas de un río. Pretender la objetividad es tanto como creer que es posible capturar y congelar el instante que huye. El mismo hecho, observado por distintos periodistas, recibe tratamientos y versiones diferentes y, además, en las sucesivas ediciones de un periódico o en las emisiones de un noticiero, tiene que ser complementado, corregido, aclarado o rectificado, hasta el punto de que el periodista llega a contemplar las suyas como verdades provisionales. Un periódico de hoy  sería una fuente de argumentos para los escépticos que, en los comienzos de la reflexión filosófica, consideren que el ser humano está incapacitado para conocer la realidad de las cosas. Esa imposibilidad del conocimiento objetivo está ratificada por hechos como estos, que el periodista conoce, o porque ha sido actor en ellos, o porque ha sido su testigo. 

ENTREVISTANDO A NESTOR ROJAS



CIBERPERIODISMO
Materia: Género ciberperiodísticos
Género dialógico



De LAS SABANAS DE CHIMIRE al Zanjón:
ENTREVISTANDO AL POETA NÉSTOR ROJAS



Hernán Martínez

Bajando por la Plaza Bolívar nos encontramos con la casa del muy conocido poeta Néstor Rojas. Periodista, diseñador gráfico, pintor y promotor cultural desde hace más de 40 años. Recientemente fue noticia en todos los medios del Estado Bolívar, al fundar, con otros artistas plásticos, el Museo al aire libre de El Zanjón, sitio donde vive con su familia.
NESTOR ROJAS nació en El Tigre en 1959. En 1993 ocupó la Dirección de Cultura de la Alcaldía del Municipio Simón Rodríguez de El Tigre. Fue director del Centro de Actividades Literarias CAL,  coordinador de Formación y Promoción del Centro de Estudios Literarios de la Universidad Nacional Experimental de Guayana y Coordinador de las páginas culturales de los diarios El Expreso y La Tarde, en Ciudad Bolívar. Ha sido colaborador de diarios y revistas de su país y del exterior. Es autor de  varios libros de poesía. Realizó estudios de Literatura Irlandesa en Irlanda, Dublin. (1993-1997), en Barcelona, España y en París, donde participó en la Sorbona, en el Encuentro de Artistas Latinoamericanos y europeos, con destacados intelectuales venezolanos, franceses y mexicanos. Acompañó a la representación de Venezuela que participó en 1995 en el Festival de Biarritz, Francia. Su trabajo creador ha merecido premios y menciones en diversos certámenes literarios nacionales e internacionales.  Actualmente se desempeña como director de Turismo de la alcaldía del Municipio Heres.


1. ¿Qué niega Néstor Rojas?


La negación es el acto de no reconocer evidencias de la realidad que afectan emocionalmente a un individuo. Es un mecanismo de defensa por sentirse desbordado para aceptar lo que percibe por ser en extremos doloroso para el mismo. En ese sentido, yo niego lo que no reconozco como legítimo y justo. Niego todo acto contrario a la lealtad, a la justicia, todo acto impositivo o que pretenda coartar la libertad individual y colectiva. Por consiguiente, lo que percibo como una amenaza a mi integridad no solamente lo niego, sino que también lo rechazo. El odio, por ejemplo, es un sentimiento que me afecta emocionalmente, por tanto, siempre estoy presto a rechazar o negar cualquier manifestación que intente hacerme daño. Lo que yo conozco no es lo mismo que otro conoce, por tanto niego también toda posibilidad de un conocimiento absoluto y de valores absolutos. Lo que es bueno para mí no necesariamente es bueno para el otro.
En lo que respecta a lo que soy, es verdad a veces me confundo y me sorprendo cuando leo mi hoja de vida, eso que llaman pomposamente currículo vitae y que no es más que la trayectoria vital de una persona.


2. ¿Podría decir lo que nunca ha dicho?

Lo que nunca he dicho es lo que me da fortaleza, es esa palabra inefable e impronunciable que resume toda la sabiduría de ese otro poeta demiurgo que me escogió para ser intérprete. Ahora bien, muchas veces lo que no digo es lo que me salva de hacer el ridículo o es el velo que esconde lo que no quiero decir. La palabra oculta y muestra al mismo tiempo. A pesar de haber sido creada para comunicarnos y darnos a entender, también sirve para revelarnos, para mostrarnos. Y todo lo que uno dice nos muestra tal y como somos y lo que ocultamos es la máscara más profunda que no quiere mostrarse para que no nos descubran. El que mucho dice ya nada tiene que decir y siempre es predecible, porque ya está descubierto. Quien mucho habla no puede adecuar lo que dice con lo que siente o piensa. El silencio también es una música, aunque a veces no sea la respuesta que nadie espera, pero que muchos necesitan. No siempre lo que decimos es lo que en realidad queremos o pensamos. Los accesorios son piezas de adorno: no expresan el vacío con el que a veces se despierta el corazón. Lo que cuenta no es lo que se dice, sino lo que no es necesario decir. El sabio piensa dos veces antes de hablar y cuando habla su palabra es tan dulce como su silencio. Más vales se paciente que valiente, porque los cobardes mueren muchas veces antes de su verdadera muerte y los valientes gustan la muerte sólo una vez Si quieres darle realeza a la hiena deja que aquellos que la conozcan se alejen de ella. Y sé tú como el hombre paciente que sigue cociendo una piedra hasta que bebe su caldo.

3. ¿Qué define Néstor Rojas y qué quiere arropar?

Para mí el oficio de escribir es lo que me define y me da consistencia. Ahora, uno escribe de lo que conoce y desconoce, de lo que intenta atrapar, inútilmente, con las palabras. Uno escribe de lo que lleva adentro y no sabe qué es: a veces, eso que podemos asir con la palabra, se descubre como alma al borde del abismo, pero también a veces se revela como un silencio profundo que no tiene fondo y que se parece-por su inmensidad- al universo. Uno escribe de lo invisible para hacerlo visible y de lo visible para hacerlo invisible. Pero, con todo lo que he escrito a lo largo del tiempo, más de treinta años escribiendo minucias, todavía no podría decir, con certeza, de qué o sobre qué escribo, si de mi mundo interior o del mundo que padezco. Para mí la palabra poética es lo que me arropa porque me religa con Dios, por lo tanto, todo lo que escribo con la idea de acercarme a mí mismo es un acto religioso, por cuanto cada uno de nosotros es una célula de Dios, aunque hay más de uno que piensa que tiene más de una célula. La poesía es mi lenguaje con el cual hablo con Dios y con los demás seres humanos. Lo que pasa es que todo el mundo anda hoy viendo para otro lado, encadilado con el oropel de una postmodernidad que ya huele mal.

4. ¿Cómo percibe el mundo?

Yo percibo el mundo material, sujeto a cambio y a la finitud, pero también percibo el mundo de las ideas, de las energías espirituales, el alma que es capaz de conocer las ideas, porque es de la misma naturaleza de éstas. Y del alma del viento (eso que llaman aliento divino) he bebido "El alma recuerda lo contemplado antes de unirse al cuerpo". Para Parménides decía que lo que percibimos es un engaño de los sentidos. La realidad es esa que percibimos y no otra. Aquello que no se percibe, ni se piensa, no existe.

5. ¿Qué le sobra a Ud. y a qué compás vive?

Lo que me sobra es lo contrario a la razón, que engendra monstruos, como decía Goya. Me sobran las imágenes que apartan de la mundanidad y me faltan las ideas para darle validez objetiva a todo lo que sueño. En consecuencia, lo que me sobra es lo que me ha apartado del mundo real, del mundo de las cosas, que tiene diversas formas reales y virtuales, diversas realidades y relaciones.
Yo vivo al campás de esas imágenes que me llevan y me traen, me impulsan hacia ese universo desconocido que intento alcanzar con la palabra.

6. ¿Ha sentido esa afinidad?

Yo he sentido la afinidad con todo lo que me acerca a las esencias, a lo espiritual. Es como preguntarse: ¿Qué hay debajo del párpado, acaso aire o cielo en lo oscuro? Yo me haré viento, música en el viento, polvo seré, ojo con alma cuando llegue la muerte, hueso no seré aunque me trague la tierra o me quede en la roca, ya grabado mi nombre para que el tiempo lo borre, porque todo se borra, lo que está, dentro y afuera, lo que entra o sale en el parto, la escritura, esta mano moviéndose en cada una de las letras, tejiéndolas en el telar no tan secreto, hebra tras hebra armando el universo, la partitura de Dios, el encantamiento, el juego de las palabras en perfecto acorde que parecen que vuelan, dejándolas escrita, dejándolas, verso tras verso, la tensión con ritmo de cítara, tocándola para que suene su música, arpa de los dioses, cuerda arriba o abajo, muchas cuerdas impulsadas, punteándolas, tensas o vibrando en el aire, urdiendo el punto, el cielo con sus nubes y todo abierto, arriba y más allá, abierto arriba, de una estrella a la otra, de una rosa a la otra y en todo lo que vemos, el mundo entero abierto a la fascinación, revelado o puesto videncia, todo ahí transparente, recién despierto, nombrado, lo blanco saliendo de lo oscuro, esa eternidad, de seda o de alma como lo simultáneo, tan veloz como luz, ala áurea en pleno vuelo.

7. ¿Qué ha tocado Ud. y cómo lo ha tocado?

Yo he tocado todo lo que deseado: Lo ordinario es que sigamos las inclinaciones de nuestro apetito a diestra y siniestra, arriba y abajo, según el viento de las ocasiones que nos arrastra y nos lleva como hoja en el ojo del huracán y no pensamos en lo más borroso de la lejanía, el velo que oculta lo que queremos, sino en el instante, la mansedumbre de los actos inútiles, siempre vacilantes, contradiciendo todo orden, porque somos hijos del Caos, sin asas ni molduras: la oscuridad nos engendra y fragua todas nuestras máscaras que llevamos una debajo de la otra pegada a la piel y hay que ver cómo andamos siempre buscando no sabemos qué, sin cesar cambiando de sitio, cual si así nos quitáramos las pesadas cargas que nos abruman, los fardos confusos del pasado, los rasgos animales que siempre nos delatan y esas visiones confusas sin consistencia ni memoria que a veces, de noche, nos atormentan. Siempre nos conducimos como la cuerda al móvil leño, cuales cosas flotando con suavidad o violencia y cambiamos como ese animal cuya piel se colora con el color donde se acuesta.

8. ¿Qué he mirado Ud. más allá de todo lo que se ve?

Entre lo que vemos y lo que se halla detrás, al otro lado está lo verdadero y más todavía lo que está por encima de todo: lo invisible que todo lo abarca: esa materia creadora, ese universo sostenido en sí mismo, coherente, perfecto, dueño de la cábala, persuasivo a más no poder, de manera rotunda, como un péndulo entre el hombre y su sombra, resuelto en la unidad, que no es otra cosa que la diversidad, expresándose nítidamente o en forma simbólica, numerosa y una, donde el azar es ley, el eterno presente vibrando en el instante, el tiempo circular, la espiral o la serpiente mordiéndose la cola, ese espacio que extrapola el laberinto, ese ser que anula y acuña al individuo acosado por la muerte, supremo conductor de nuestras vidas y más atrás de todo lo anterior, el punto clave, el centro que de nada cuelga, el origen del mundo, múltiple, espacio y tiempo a la vez, agujero de la oscuridad, simultáneo, manifestándose en uno ya en el otro.

Yo he mirado con los ojos del alma ese espacio interminable, donde el alma se viste y se desviste. He visto en el espejo ese ser insuficiente, que se busca en el otro para fortalecerse.

9. ¿De quién huye Néstor Rojas?

A veces huyo de mí mismo, de mi propia sombra que no me deja en paz. Huyo del tiempo que me devora, que me alcanza. Porque: Qué dejaremos a salvo para la posteridad: acaso un cuadro de Picasso reflejando la composición del universo, entre líneas y cubos de colores en la vasta pared vestida de blanco, qué dejaremos en tierra para los que nacerán mañana: apenas unas líneas dibujando el azar, un mundo que todavía no ha transcurrido, apenas un hueco en el sueño de alguien que aún no ha nacido. Qué dejaremos a salvo, tal vez el símil de lo que puede ser, la rosa curiosa que soñó el alquimista, una rosa sí, como tu boca, esa luna acostada que nos cubre, quizás una paloma de Tula o el silbo de una ocarina que canta como sirena triste en la orilla de la mar, un canto en el aire y qué otra cosa dejaremos que no sea la imagen de tu cuerpo en el mío, tu alma tatuada en mi latido como estrella alumbrando la tarde entre el cuchillo y el último instante. Yo huyo de ese olvido que parece la más cierta realidad, lo absoluto.

10. ¿De qué tiene miedo el poeta de la sonrisa generosa?

Le tengo miedo a la muerte inevitable porque siempre es breve el tiempo que nos queda. Cada quien tiene sus horas contadas. Sólo la muerte detiene nuestro reloj de arena. El que se va jamás vuelve. Pero más que a la muerte, al olvido, que es otra forma de morir. Tan rápido como llega el futuro, así se va la vida y se olvidan los instante que se vivieron y muy pronto olvidamos a los que se mueren. Por ejemplo, se fue mi infancia y el ave de mi juventud alzó su vuelo y se alejó para siempre. Los muros de mi casa están desmoronándose. Mi padre tiene la edad larga y la vejez lo cansa tanto, que a veces no quiere despertarse. Yo poco a poco no hallo cosa en qué poner los ojos, tan menguados que casi ya ni ven. Mientras tanto, el tiempo, inexorable como el destino, va fluyendo.
Un leve roce puede matar la rosa, que no volverá a florecer.

11. Qué te penetró el alma y en qué herida hurgó?

Al término del día, uno poco sabe de nada, desconoce la respuesta a la pregunta más importante de la vida, nada sabe que no sea lo más obvio y cómo voy a saber la razón que me trajo a este mundo, si apenas recuerdo la infancia desdibujada en la memoria y el barco de papel, que se llevó el torrente que seguíamos, calle abajo hasta la plaza; pero la pena sigue allí, sin propósito alguno como una herida que encaja en el centro, que se ahueca sangrando en el pecho, porque éste es el tiempo del fulgor en el espejo y todo gime en la rama oscura de la noche, la cuerda vibra, se alarga sonando y ese silbido entra por el hueco hondo de mi corazón asustado mientras el rico, muy seguro en su palacio, confía en su riqueza y se marchita; poco importa para él la quebradura del templo, poco importa la sangre derramada, pero éste también es el tiempo del justo como árbol plantado a orillas de un río: sobre las ruinas se renovará como el follaje para que todo vuelva a comenzar.

12. Las dos anécdota que más recuerdas

La primera: De niño sufría de asma y a mi padre se le ocurrió la genial idea de confinarme en un cuarto para apartarme de los juegos nada infantiles de mis hermanos que siempre terminaban revolcándose con tierra. Ese encierro me marcó para siempre y me llevó a imaginar mundos desconocidos, universos entrevistos en los hilos de luz que pasaban por los orificios de las láminas de zinc. Recuerdo que cuando llovía se acababa aquella magia, porque todo el cuarto se convertía en un colador y yo tenía que dormir en un rincón. Pienso que en ese momento no me quedó más remedio que refugiarme en la poesía. Todavía en las paredes del cuarto de mi infancia (tenía para ese entonces 10 años) están escritas las palabras con las cuales soñaba todas las noches.

Traigo a colación la otra anécdota: de viaje a Biarritz, Francia, me quedé dormido y cuando desperté en vez de oír el sonido exquisito del francés escuché a varios españoles hablar y me asusté. Estaba en San Sebastián y tuve que gastar lo poco que había llevado para irme en un taxi al lugar donde esperaban para dar un conferencia. Allí, en Biarritz conocí a Soto, a quien le rendían un merecido homenaje.


13. ¿Quién no está y qué busca en las sombras?

Me asomo a mí mismo, hacia dentro como buscándome. Pero, lo único que veo es la oscuridad azulada que parece estar hecha de la misma naturaleza del universo. Abro los ojos y entonces la luz se me viene tan clara como el amanecer. Es hora de salir, pienso. ¿En qué parte de mí yo me escondo? Abro puertas y ventanas para que entre el sol y espante esa sombra que nunca me abandona. Sacudo la ceniza, el polvo de los muertos, que se fueron para siempre jamás. Abro los ojos para que el alma despierte, porque todo río arrastra sus naufragios y el vuelo del viento derriba la columna, la deshace. Los profetas anuncian el inicio de la hora esperada. Los ángeles del Apocalipsis suenan las trompetas y he allí las contiendas, los músculos torcidos, los gusanos como frutas amargas en los labios del muerto. La carne despierta con sus cicatrices, como moscas hambrientas. Yo me levanto y le agradezco a Dios por el amanecer, por la vida que amanece. Arriba, serenos, vuelan los dioses vigilantes. Abajo, en la barriada acosada por el hambre, el corazón del pobre se levanta como un tigre e inicia la batalla para no caer. Acaso lucha para hacerse un sitio en el mundo, lejos de huesos y moscas. En la jungla no luchar es morir. Es inútil la metáfora, quiero hablar directamente sin máscaras, conmigo mismo. ¿De que nos sirve la palabra sin con ella no podemos decir lo que somos?



INAUGURADO MUSEO URBANO EL ZANJÓN EN CIUDAD BOLIVAR



CIBERPERIODISMO
Materia: Género ciberperiodísticos
Género Interpretativo


Reportaje:
El Museo Urbano Ecológico más grande del mundo se encuentra en El Zanjón

Hernán Martínez
 
·       Bajando por la Catedral de Ciudad Bolívar,  casi a la orilla del río Orinoco, está ubicado un pintoresco y antiguo lugar llamado El zanjón, donde el pasado 24 de octubre fue inaugurado, con bombos y platillos y al ritmo del Calipso, el Museo Urbano Ecológico.


Un día, del cual ya ni queda memoria, el poeta y artista plástico Néstor Rojas se le ocurrió la maravillosa idea de convertir el Parque El Zanjón, lugar de su residencia, en un museo que se convirtiera en una referencia cultural en Ciudad Bolívar y más allá de sus fronteras. Este sueño lo compartió con dos lugareños zanjoneros: el promotor vecinal José Luis Solano y el pintor Alirio Vera Vegas. Días más tarde comenzaron la obra con pocos recursos y a esta tarea de embellecimiento artístico del sitio más antiguo de la capital del estado Bolívar se les unieron, en principio, 42 pintores y escultores que sin descanso alguno plasmaron sus ideas estéticas en paredes y casas del Zanjón. A los tres meses ya llevaban realizados 90 murales y seis esculturas, que se alzaban entre las rocas gigantes que forman parte del macizo guayanés.
El proyecto por fin quedó terminado el 24 de octubre, gracias al esfuerzo de los artistas que participaron y colaboración de algunas instituciones que dieron su granito de arena para que la obra se terminara. Hoy día este museo le ha dado realce a este vecindario con más de 245 años de fundado.
Un poeta y pintor: El artífice de la obra
Néstor Rojas, director de Turismo de la Alcaldía de Heres, poeta y artista plástico, además de habitante de la comunidad de El Zanjón y otros artistas plásticos de la ciudad iniciaron este proyecto con la esperanza de lograr a través del arte un ambiente de paz, armonía y tener su comunidad en buen estado. Al artífice de la obra lo encontramos en la parte alta de la calle principal de El Zanjón. Los abordamos casi a quemarropa:
Cuéntenos la historia de este museo
Este museo surgió de la conjunción de dos sueños que con el tiempo se fueron concretando en esto que ahora ves aquí.
 -¿Y lo vecinos no participaron?
Claro que sí. A la idea de crear este museo se sumaron de manera entusiasta los habitantes de El Zanjón, luego más artistas, pero esta vez de otras localidades como Barinas, Anzoátegui, Monagas y Nueva Esparta, finalmente Funviheres –Fundación de la Vivienda del municipio Heres- que aportó toda la pintura con la que se elaboran los murales, así como para el remozamiento de las fachadas de las casas. Cuenta Rojas que cuando se comenzó a pintar los murales, una a una las familias de El Zanjón se entusiasmaron y comenzaron a unirse a la iniciativa, tanta era la emoción que buscaban retratos y fotografías de los fundadores del barrio para que fueran pintados al frente de sus casas. “En este museo cada obra forma una mezcolanza de vivencias, experiencias y creatividad que los artistas han plasmado y que el visitante podrá experimentar con sólo pasarse por este maravilloso lugar, además de gozar con el carisma y la amabilidad que sus oriundos poseen”.

El museo más grande del mundo queda en El Zanjón
Recorrer los espacios encantadores de El Zanjón es descubrir no sólo el encanto de la naturaleza y el paisaje exótico del Orinoco, sino también las obras artísticas del talento artístico de 44 artistas plásticos y escultores, que como Eutimio Arenas, no desmayaron en la realización de este museo urbano que, de acuerdo a lo expresado por Néstor Rojas, es el más grande del mundo: “En ninguna parte del mundo hay un sitio así, con estas características y con tantos murales con los que vemos aquí, entre estas rocas antiguas, que tienen la misma edad de la tierra. Este museo al aire libre es una nueva forma de expresión que busca un mayor contacto entre los observadores y el arte, sin tener que ir a un museo convencional”, aseguró el creador del museo.
Durante el recorrido realizado para conocer esta iniciativa nos acompañaron los artistas plásticos Alirio Vera Vegas, Jemibol Rivas, Luis Farías, Romel Lezama, Eutimio Arenas y Luis Pérez.