CIBERPERIODISMO
Materia: Género
ciberperiodísticos
Género dialógico
De LAS
SABANAS DE CHIMIRE al Zanjón:
ENTREVISTANDO AL POETA NÉSTOR
ROJAS
Hernán
Martínez
Bajando
por la Plaza Bolívar nos encontramos con la casa del muy conocido poeta Néstor
Rojas. Periodista, diseñador gráfico, pintor y promotor cultural desde hace más
de 40 años. Recientemente fue noticia en todos los medios del Estado Bolívar,
al fundar, con otros artistas plásticos, el Museo al aire libre de El Zanjón,
sitio donde vive con su familia.
NESTOR
ROJAS nació en El
Tigre en 1959.
En 1993 ocupó la Dirección
de Cultura de la Alcaldía
del Municipio Simón Rodríguez de El Tigre. Fue director del Centro de
Actividades Literarias CAL, coordinador
de Formación y Promoción del Centro de Estudios Literarios de la Universidad Nacional
Experimental de Guayana y Coordinador de las páginas culturales de los diarios
El Expreso y La Tarde,
en Ciudad Bolívar. Ha sido colaborador de diarios y revistas de su país y del
exterior. Es autor de varios libros de poesía. Realizó estudios de Literatura
Irlandesa en Irlanda, Dublin. (1993-1997), en Barcelona, España y en París,
donde participó en la Sorbona,
en el Encuentro de Artistas Latinoamericanos y europeos, con destacados
intelectuales venezolanos, franceses y mexicanos. Acompañó a la representación
de Venezuela que participó en 1995 en el Festival de Biarritz, Francia. Su
trabajo creador ha merecido premios y menciones en diversos certámenes
literarios nacionales e internacionales. Actualmente se desempeña como director de Turismo de la
alcaldía del Municipio Heres.
1. ¿Qué niega Néstor Rojas?
La negación es el acto de no reconocer evidencias de la realidad que afectan emocionalmente a un individuo. Es un mecanismo de defensa por sentirse desbordado para aceptar lo que percibe por ser en extremos doloroso para el mismo. En ese sentido, yo niego lo que no reconozco como legítimo y justo. Niego todo acto contrario a la lealtad, a la justicia, todo acto impositivo o que pretenda coartar la libertad individual y colectiva. Por consiguiente, lo que percibo como una amenaza a mi integridad no solamente lo niego, sino que también lo rechazo. El odio, por ejemplo, es un sentimiento que me afecta emocionalmente, por tanto, siempre estoy presto a rechazar o negar cualquier manifestación que intente hacerme daño. Lo que yo conozco no es lo mismo que otro conoce, por tanto niego también toda posibilidad de un conocimiento absoluto y de valores absolutos. Lo que es bueno para mí no necesariamente es bueno para el otro.
En lo que respecta a lo que soy, es verdad a veces me confundo y me sorprendo cuando leo mi hoja de vida, eso que llaman pomposamente currículo vitae y que no es más que la trayectoria vital de una persona.
2. ¿Podría
decir lo que nunca ha dicho?
Lo que nunca he dicho es lo que me da fortaleza, es esa palabra inefable e impronunciable que resume toda la sabiduría de ese otro poeta demiurgo que me escogió para ser intérprete. Ahora bien, muchas veces lo que no digo es lo que me salva de hacer el ridículo o es el velo que esconde lo que no quiero decir. La palabra oculta y muestra al mismo tiempo. A pesar de haber sido creada para comunicarnos y darnos a entender, también sirve para revelarnos, para mostrarnos. Y todo lo que uno dice nos muestra tal y como somos y lo que ocultamos es la máscara más profunda que no quiere mostrarse para que no nos descubran. El que mucho dice ya nada tiene que decir y siempre es predecible, porque ya está descubierto. Quien mucho habla no puede adecuar lo que dice con lo que siente o piensa. El silencio también es una música, aunque a veces no sea la respuesta que nadie espera, pero que muchos necesitan. No siempre lo que decimos es lo que en realidad queremos o pensamos. Los accesorios son piezas de adorno: no expresan el vacío con el que a veces se despierta el corazón. Lo que cuenta no es lo que se dice, sino lo que no es necesario decir. El sabio piensa dos veces antes de hablar y cuando habla su palabra es tan dulce como su silencio. Más vales se paciente que valiente, porque los cobardes mueren muchas veces antes de su verdadera muerte y los valientes gustan la muerte sólo una vez Si quieres darle realeza a la hiena deja que aquellos que la conozcan se alejen de ella. Y sé tú como el hombre paciente que sigue cociendo una piedra hasta que bebe su caldo.
3. ¿Qué define Néstor Rojas y qué quiere arropar?
Para mí el oficio de escribir es lo que me define y me da consistencia. Ahora, uno escribe de lo que conoce y desconoce, de lo que intenta atrapar, inútilmente, con las palabras. Uno escribe de lo que lleva adentro y no sabe qué es: a veces, eso que podemos asir con la palabra, se descubre como alma al borde del abismo, pero también a veces se revela como un silencio profundo que no tiene fondo y que se parece-por su inmensidad- al universo. Uno escribe de lo invisible para hacerlo visible y de lo visible para hacerlo invisible. Pero, con todo lo que he escrito a lo largo del tiempo, más de treinta años escribiendo minucias, todavía no podría decir, con certeza, de qué o sobre qué escribo, si de mi mundo interior o del mundo que padezco. Para mí la palabra poética es lo que me arropa porque me religa con Dios, por lo tanto, todo lo que escribo con la idea de acercarme a mí mismo es un acto religioso, por cuanto cada uno de nosotros es una célula de Dios, aunque hay más de uno que piensa que tiene más de una célula. La poesía es mi lenguaje con el cual hablo con Dios y con los demás seres humanos. Lo que pasa es que todo el mundo anda hoy viendo para otro lado, encadilado con el oropel de una postmodernidad que ya huele mal.
4. ¿Cómo percibe el mundo?
Yo percibo el mundo material, sujeto a cambio y a la finitud, pero también percibo el mundo de las ideas, de las energías espirituales, el alma que es capaz de conocer las ideas, porque es de la misma naturaleza de éstas. Y del alma del viento (eso que llaman aliento divino) he bebido "El alma recuerda lo contemplado antes de unirse al cuerpo". Para Parménides decía que lo que percibimos es un engaño de los sentidos. La realidad es esa que percibimos y no otra. Aquello que no se percibe, ni se piensa, no existe.
5. ¿Qué le sobra a Ud. y a qué compás vive?
Lo que me
sobra es lo contrario a la razón, que engendra monstruos, como decía Goya. Me
sobran las imágenes que apartan de la mundanidad y me faltan las ideas para
darle validez objetiva a todo lo que sueño. En consecuencia, lo que me sobra es
lo que me ha apartado del mundo real, del mundo de las cosas, que tiene
diversas formas reales y virtuales, diversas realidades y relaciones.
Yo vivo
al campás de esas imágenes que me llevan y me traen, me impulsan hacia ese
universo desconocido que intento alcanzar con la palabra.
6. ¿Ha
sentido esa afinidad?
Yo he sentido la afinidad con todo lo que me acerca a las esencias, a lo espiritual. Es como preguntarse: ¿Qué hay debajo del párpado, acaso aire o cielo en lo oscuro? Yo me haré viento, música en el viento, polvo seré, ojo con alma cuando llegue la muerte, hueso no seré aunque me trague la tierra o me quede en la roca, ya grabado mi nombre para que el tiempo lo borre, porque todo se borra, lo que está, dentro y afuera, lo que entra o sale en el parto, la escritura, esta mano moviéndose en cada una de las letras, tejiéndolas en el telar no tan secreto, hebra tras hebra armando el universo, la partitura de Dios, el encantamiento, el juego de las palabras en perfecto acorde que parecen que vuelan, dejándolas escrita, dejándolas, verso tras verso, la tensión con ritmo de cítara, tocándola para que suene su música, arpa de los dioses, cuerda arriba o abajo, muchas cuerdas impulsadas, punteándolas, tensas o vibrando en el aire, urdiendo el punto, el cielo con sus nubes y todo abierto, arriba y más allá, abierto arriba, de una estrella a la otra, de una rosa a la otra y en todo lo que vemos, el mundo entero abierto a la fascinación, revelado o puesto videncia, todo ahí transparente, recién despierto, nombrado, lo blanco saliendo de lo oscuro, esa eternidad, de seda o de alma como lo simultáneo, tan veloz como luz, ala áurea en pleno vuelo.
7. ¿Qué ha tocado Ud. y cómo lo ha tocado?
Yo he tocado todo lo que deseado: Lo ordinario es que sigamos las inclinaciones de nuestro apetito a diestra y siniestra, arriba y abajo, según el viento de las ocasiones que nos arrastra y nos lleva como hoja en el ojo del huracán y no pensamos en lo más borroso de la lejanía, el velo que oculta lo que queremos, sino en el instante, la mansedumbre de los actos inútiles, siempre vacilantes, contradiciendo todo orden, porque somos hijos del Caos, sin asas ni molduras: la oscuridad nos engendra y fragua todas nuestras máscaras que llevamos una debajo de la otra pegada a la piel y hay que ver cómo andamos siempre buscando no sabemos qué, sin cesar cambiando de sitio, cual si así nos quitáramos las pesadas cargas que nos abruman, los fardos confusos del pasado, los rasgos animales que siempre nos delatan y esas visiones confusas sin consistencia ni memoria que a veces, de noche, nos atormentan. Siempre nos conducimos como la cuerda al móvil leño, cuales cosas flotando con suavidad o violencia y cambiamos como ese animal cuya piel se colora con el color donde se acuesta.
8. ¿Qué he mirado Ud. más allá de todo lo que se ve?
Entre lo que vemos y lo que se halla detrás, al otro lado está lo verdadero y más todavía lo que está por encima de todo: lo invisible que todo lo abarca: esa materia creadora, ese universo sostenido en sí mismo, coherente, perfecto, dueño de la cábala, persuasivo a más no poder, de manera rotunda, como un péndulo entre el hombre y su sombra, resuelto en la unidad, que no es otra cosa que la diversidad, expresándose nítidamente o en forma simbólica, numerosa y una, donde el azar es ley, el eterno presente vibrando en el instante, el tiempo circular, la espiral o la serpiente mordiéndose la cola, ese espacio que extrapola el laberinto, ese ser que anula y acuña al individuo acosado por la muerte, supremo conductor de nuestras vidas y más atrás de todo lo anterior, el punto clave, el centro que de nada cuelga, el origen del mundo, múltiple, espacio y tiempo a la vez, agujero de la oscuridad, simultáneo, manifestándose en uno ya en el otro.
Yo he mirado con los ojos del alma ese espacio interminable, donde el alma se viste y se desviste. He visto en el espejo ese ser insuficiente, que se busca en el otro para fortalecerse.
9. ¿De quién huye Néstor Rojas?
A veces huyo de mí mismo, de mi propia sombra que no me deja en paz. Huyo del tiempo que me devora, que me alcanza. Porque: Qué dejaremos a salvo para la posteridad: acaso un cuadro de Picasso reflejando la composición del universo, entre líneas y cubos de colores en la vasta pared vestida de blanco, qué dejaremos en tierra para los que nacerán mañana: apenas unas líneas dibujando el azar, un mundo que todavía no ha transcurrido, apenas un hueco en el sueño de alguien que aún no ha nacido. Qué dejaremos a salvo, tal vez el símil de lo que puede ser, la rosa curiosa que soñó el alquimista, una rosa sí, como tu boca, esa luna acostada que nos cubre, quizás una paloma de Tula o el silbo de una ocarina que canta como sirena triste en la orilla de la mar, un canto en el aire y qué otra cosa dejaremos que no sea la imagen de tu cuerpo en el mío, tu alma tatuada en mi latido como estrella alumbrando la tarde entre el cuchillo y el último instante. Yo huyo de ese olvido que parece la más cierta realidad, lo absoluto.
10. ¿De qué tiene miedo el poeta de la sonrisa generosa?
Le tengo miedo a la muerte inevitable porque siempre es breve el tiempo que nos queda. Cada quien tiene sus horas contadas. Sólo la muerte detiene nuestro reloj de arena. El que se va jamás vuelve. Pero más que a la muerte, al olvido, que es otra forma de morir. Tan rápido como llega el futuro, así se va la vida y se olvidan los instante que se vivieron y muy pronto olvidamos a los que se mueren. Por ejemplo, se fue mi infancia y el ave de mi juventud alzó su vuelo y se alejó para siempre. Los muros de mi casa están desmoronándose. Mi padre tiene la edad larga y la vejez lo cansa tanto, que a veces no quiere despertarse. Yo poco a poco no hallo cosa en qué poner los ojos, tan menguados que casi ya ni ven. Mientras tanto, el tiempo, inexorable como el destino, va fluyendo.
Un leve roce puede matar la rosa, que no volverá a florecer.
11. Qué te penetró el alma y en qué herida hurgó?
Al término del día, uno poco sabe de nada, desconoce la respuesta a la pregunta más importante de la vida, nada sabe que no sea lo más obvio y cómo voy a saber la razón que me trajo a este mundo, si apenas recuerdo la infancia desdibujada en la memoria y el barco de papel, que se llevó el torrente que seguíamos, calle abajo hasta la plaza; pero la pena sigue allí, sin propósito alguno como una herida que encaja en el centro, que se ahueca sangrando en el pecho, porque éste es el tiempo del fulgor en el espejo y todo gime en la rama oscura de la noche, la cuerda vibra, se alarga sonando y ese silbido entra por el hueco hondo de mi corazón asustado mientras el rico, muy seguro en su palacio, confía en su riqueza y se marchita; poco importa para él la quebradura del templo, poco importa la sangre derramada, pero éste también es el tiempo del justo como árbol plantado a orillas de un río: sobre las ruinas se renovará como el follaje para que todo vuelva a comenzar.
12. Las dos anécdota que más recuerdas
La primera: De niño sufría de asma y a mi padre se le ocurrió la genial idea de confinarme en un cuarto para apartarme de los juegos nada infantiles de mis hermanos que siempre terminaban revolcándose con tierra. Ese encierro me marcó para siempre y me llevó a imaginar mundos desconocidos, universos entrevistos en los hilos de luz que pasaban por los orificios de las láminas de zinc. Recuerdo que cuando llovía se acababa aquella magia, porque todo el cuarto se convertía en un colador y yo tenía que dormir en un rincón. Pienso que en ese momento no me quedó más remedio que refugiarme en la poesía. Todavía en las paredes del cuarto de mi infancia (tenía para ese entonces 10 años) están escritas las palabras con las cuales soñaba todas las noches.
Traigo a colación la otra anécdota: de viaje a Biarritz, Francia, me quedé dormido y cuando desperté en vez de oír el sonido exquisito del francés escuché a varios españoles hablar y me asusté. Estaba en San Sebastián y tuve que gastar lo poco que había llevado para irme en un taxi al lugar donde esperaban para dar un conferencia. Allí, en Biarritz conocí a Soto, a quien le rendían un merecido homenaje.
13. ¿Quién no está y qué busca en las sombras?
Me asomo a mí mismo, hacia dentro como buscándome. Pero, lo único que veo es la oscuridad azulada que parece estar hecha de la misma naturaleza del universo. Abro los ojos y entonces la luz se me viene tan clara como el amanecer. Es hora de salir, pienso. ¿En qué parte de mí yo me escondo? Abro puertas y ventanas para que entre el sol y espante esa sombra que nunca me abandona. Sacudo la ceniza, el polvo de los muertos, que se fueron para siempre jamás. Abro los ojos para que el alma despierte, porque todo río arrastra sus naufragios y el vuelo del viento derriba la columna, la deshace. Los profetas anuncian el inicio de la hora esperada. Los ángeles del Apocalipsis suenan las trompetas y he allí las contiendas, los músculos torcidos, los gusanos como frutas amargas en los labios del muerto. La carne despierta con sus cicatrices, como moscas hambrientas. Yo me levanto y le agradezco a Dios por el amanecer, por la vida que amanece. Arriba, serenos, vuelan los dioses vigilantes. Abajo, en la barriada acosada por el hambre, el corazón del pobre se levanta como un tigre e inicia la batalla para no caer. Acaso lucha para hacerse un sitio en el mundo, lejos de huesos y moscas. En la jungla no luchar es morir. Es inútil la metáfora, quiero hablar directamente sin máscaras, conmigo mismo. ¿De que nos sirve la palabra sin con ella no podemos decir lo que somos?

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